Declaración doctrinal

Fundamentos bíblicos para una formación fiel y comprometida.

Lo que creemos

Una fe que guía nuestra formación

Nuestra formación se afirma en las Sagradas Escrituras y en una comprensión bíblica de Dios, la salvación y la misión de la iglesia.

1. Las Sagradas Escrituras

Creemos que los sesenta y seis libros, que conforman las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, fueron verbal y plenariamente inspirados por el Espíritu Santo en sus escritos originales, y que son, por tanto, completamente sin error ni omisión. Creemos que Dios ha preservado Su Palabra en los manuscritos y traducciones fieles a dichos manuscritos.

Creemos que la Biblia es la suprema revelación de la persona y voluntad de Dios para el hombre; por tanto, es nuestra única regla de fe y práctica, y debe ser obedecida.

2 Ti. 3.16-17; 2 P. 3.16; 2 P. 1.19-21; He. 1.1-2; 1 P. 1.22-23; Sal. 19.7-11; Stg. 1.21-22.

2. El único Dios verdadero

Creemos en el único Dios, quien creó los cielos, la tierra y todo cuanto existe en seis días literales. Dios existe eternamente en tres personas: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo; los cuales siendo iguales en esencia, ejecutan distintas y armoniosas funciones.

Dt. 6.4; Is. 45.21; 46.9; 1 Ti. 1.17; Gn. 1; Mt. 28.19; 1 P. 1.2; 2 Co. 13.14.

3. El Padre

Es soberano sobre toda Su creación; en sentido de autoridad y filiación es Padre de Jesucristo, Israel y los redimidos.

1 Co. 8.6; Mal. 2.10; He. 12.9; Stg. 1.17; Job 38.7; Jn. 20.17; Ex. 4.22; Sal. 89.26; Mt. 5.48; Ro. 8.15-16.

4. El Señor Jesucristo

Creemos que el Señor Jesucristo es verdadero y eterno Dios, creador y sustentador de la creación.

Se encarnó al ser concebido sobrenaturalmente por obra del Espíritu Santo en María cuando aún era virgen. Vivió una vida absolutamente sin pecado. En Su muerte voluntaria hizo completa y vicaria propiciación por nuestros pecados. Resucitó al tercer día y ascendió corporalmente al cielo. Se sentó a la diestra del Padre para interceder por nosotros los creyentes, a los cuales él personalmente arrebatará antes de la tribulación.

Creemos que volverá por segunda vez a este mundo para establecer Su reino, y sentarse en el trono de David. Su venida será personal, indefectible, inminente y premilenaria.

En el futuro él juzgará a los vivos y a los muertos.

He. 1.8; 1.3; Col. 1.16-17; Jn. 1.1-5, 14; Lc. 1.35; Mt. 1.21-23; 1 P. 2.21-25; 3.18; Jn. 10.17-18; 1 Co. 15.4; Hch. 1.9; Ro. 8.34; 1 Ts. 4.16-18; Tito 2.13; Mt. 25.31-34; Jn. 5.22; 2 Ti. 4.1; Ap. 20.4, 11-15.

5. El Espíritu Santo

Creemos que el Espíritu Santo es una persona divina, con todos los atributos de personalidad y deidad, igual que Dios Padre y Dios Hijo.

Inspiró las Sagradas Escrituras. En Su obra actual, convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio, y lucha contra la maldad. Regenera a los creyentes, mora en ellos, les enseña los caminos de justicia, los llena, les reparte dones y produce fruto en ellos. Es el sello de Dios en los creyentes. Por el Espíritu Santo los creyentes son bautizados en el cuerpo de Cristo.

Aunque todos sus dones son sobrenaturales, creemos que los dones milagrosos (sanidades, profecías, lenguas, etc.) fueron dados sólo en la época apostólica de la Iglesia para confirmar el mensaje de salvación.

Gn. 1.1-3; Jn. 14.16-17, 26; 1 P. 1.19-21; Jn. 16.7-13; 2 Ts. 2.6-7; Ro. 8.14-17; Gá. 5.16-17, 22-23; Ef. 5.18; 1.13-14; He. 2.1-4; 1 Co. 12.13.

6. El Hombre

Creemos que el hombre fue creado por Dios a Su imagen, varón y hembra los creó. Por desobediencia voluntaria cayó de su estado de inocencia. En consecuencia, por naturaleza todos los hombres son pecadores y cometen pecados. Por tanto, están bajo la justa condenación de perdición eterna, sin defensa ni disculpa; pudiendo ser salvados de esta condición únicamente por Dios a través de Jesucristo. Al morir físicamente, las almas de los incrédulos van al Hades (infierno) para ser atormentados, y las almas de los creyentes van a la presencia de Dios. Ambos grupos serán resucitados; unos para castigo eterno, y otros para vida eterna con Dios.

Gn. 1.26-27; 3.1-6; Ro. 5.12-21; Jn. 3.18, 36; Ro. 3.21-24; 2 Co. 5.6, 8.

7. La Salvación

Creemos que la salvación del hombre es únicamente por gracia en base a la muerte y resurrección de Jesucristo, haciéndose eficaz bajo la condición de arrepentimiento y fe en Cristo Jesús. Por lo tanto, es ajena a las obras del hombre.

Creemos que el hombre al ser salvado es regenerado por el Espíritu Santo, siendo recipiente de una nueva naturaleza, efectuándose así el nuevo nacimiento.

Creemos que la recepción de la gran bendición del evangelio asegura la justificación, santificación, adopción, el perdón de pecados y el don de la vida eterna.

Creemos que la obra de Cristo fue perfecta y total para cada pecador, por lo tanto, todos aquellos a quienes Dios salva por gracia, también los asegura por toda la eternidad.

Ef. 2.8-10; Jn. 3.3-6, 16-18; Is. 45.22; 53.5-7; 55.6-7; Jn. 1.12; Ro. 3.24; 5.1; 8.1; 10.9-10, 13; 1 Co. 15.3-4; 2 Co. 5.21; Gá. 1.4; 1 P. 3.18; 2 P. 1.4; 1 Jn. 2.2.

8. Israel

Creemos que Dios en Su deseo de salvar a la humanidad, a fin de que viva para Su gloria, escogió a Abraham para formar un pueblo especial: Israel. Fue el deseo de Dios que Israel sea un canal de bendición para todas las familias de la tierra; pero Israel como nación fracasó y no cumplió el objetivo de Dios para ellos. La culminación de su rebelión contra Dios fue el rechazo a Jesucristo y el entregarlo a muerte. Desde entonces, Israel ya no es Su instrumento de salvación en esta dispensación, y Dios está trabajando con la Iglesia (conformada por judíos y gentiles) como Su pueblo especial actual. Luego que la Iglesia sea llevada al cielo, Dios volverá a trabajar por medio de Israel durante la Tribulación y el Milenio.

Gn. 12.1-3; 22.18; Mt. 21.33-43; Hch. 2.22-23; 7.51-52; Ro. 11.25-26; Ap. 7.1-8.

9. La Iglesia

Creemos que la iglesia de Cristo, como organismo (iglesia universal) es el cuerpo de Cristo; siendo Él la cabeza. Está compuesta por todos los creyentes desde Pentecostés hasta su arrebatamiento, siendo galardonada en el tribunal de Cristo y unida a Él en las Bodas del Cordero para reinar eternamente. Los creyentes están colocados en el cuerpo de Cristo mediante el bautismo por el Espíritu Santo.

Creemos que una iglesia de Cristo, como organización (iglesia local), es una compañía de personas nacidas de nuevo, bautizadas por inmersión, unidos mediante pacto en la fe y la comunión del evangelio; que se reúne en un determinado lugar geográfico para cumplir todo lo que Cristo enseñó.

Creemos que ella practica las ordenanzas de Cristo (bautismo y cena). La Iglesia ejerce los dones espirituales y privilegios investidos en ella por la palabra de Dios. La iglesia local se gobierna autónomamente dentro de los límites prefijados por Dios, sin mediación de grupos jerárquicos.

Creemos que los únicos oficiales bíblicos son obispos (pastor o anciano) y diáconos; estando definidos los requisitos y obligaciones por los apóstoles.

Hch. 2.41; 1 Co. 14.12; Hch. 6.1-6; 14.23; 15.22; 1 Co. 11.1, 23-24; Mt. 28.19-20; Fil. 1.1; 1 Ti. 3; Tito 1; 1 P. 5.1-4; 2 P. 3.2.

10. Los ángeles

Creemos que los ángeles son seres espirituales, reales y personales; creados por Dios para Su servicio. La gran parte de ellos están confirmados en santidad, adoran a Dios y ejecutan fielmente la voluntad del Señor.

Creemos que Satanás, con parte de las huestes espirituales se rebeló contra Dios y hasta hoy se opone a Su propósito santo. Creemos que el diablo fue derrotado por Cristo en la cruz y que la sentencia será finalmente ejecutada sobre él y sus emisarios cuando sean lanzados al lago de fuego, donde serán atormentados para siempre.

Ro. 8.38-39; He. 1.7, 14; 1 P. 5.8-9; Ef. 6.12; Jud. 6; He. 2.14-15; Mt. 25.41; Ap. 5.11-12; 20.10.

11. Escatología

Creemos en el arrebatamiento pretribulacional de la Iglesia, para comparecer en el Tribunal de Cristo y luego participar de las Bodas del Cordero. Creemos en una tribulación concordante con la semana setenta de Daniel, después de la cual Cristo vendrá con gloria y poder para derrotar al anticristo, juzgar a las naciones sobrevivientes de la tribulación, resucitar a los salvos de la tribulación y a los santos del Antiguo Testamento, y establecer un Reino literal de mil años.

Creemos que en el reino milenario de Cristo se cumplirán las promesas pendientes en los pactos de Dios con Israel. Creemos que todos los impíos serán juzgados ante el Gran Trono Blanco y enviados al lago de fuego. Creemos en la destrucción de la tierra y cielos actuales y la creación de nuevos cielos y nueva tierra.

Gn. 15.18; Dt. 30.1-10; 2 Sam. 7.16; Dan. 9.24-27; Jer. 31.31-34; Ez. 36.25-27; Jn. 14.3; 1 Ts. 4.14-17; Mt. 24.21-29; 24.30-31; 25.31-46; Lc. 1.32-33; Ap. 19.11-21; 20.1-15; 21.1-4; 2 P. 3.11-13.